Hay personas que tienen el don de cantar, otras de cocinar, otras del trato con niños o enfermos y otras el de la palabra. Poder organizar letra tras letra un discurso que, intencionalmente, se abre camino para exhortar, describir o simplemente calmar.
Ese don lo tiene mi amigo José. Ya se que el resto de mis amig@s se pondrán celos@s, pero el tiene "el don".
Ya quisiera ser yo ser un poquito de lo que es él con las palabras. En el se ven reflejadas emociones y sentimientos de personas queridas que están cerca, que saben del camino y acompañan.
Quería que queden en algún lado registradas y no solo en la ventana de un chat de WhatsApp.
"Espero que sigas escribiendo. Mucho me temo que te voy a atormentar un poquito para que escribas más seguido y podrás hacer, como decís al principio, un camino. Crónicas de este transitar.
Yoly, mi querida niña Yolanda: permite caerte un ratito, permite fallar, permite descansar de ser la Yoly que todo lo soluciona porque puede. Sí, es cierto que podés levantar una clase que nadie más puede, que puede hacer que los alumnos hagan cosas interesantes para todos, que es una ñoña y es tonta y es terca y es risueña. Pero a veces, tantitas nomás, permite la desgana de no levantarte, pero solo ese día. A la tardecita salí a mira ese "degüello de soles" que es el atardecer y pensá que vas a ver muchos atardeceres, muchos días más. Esto solo es una cosita que te pasa. Quizás sea para levantar un ratito la pata del acelerador, parar a la orilla del camino y mirar el paisaje.
Yo te quiero mucho. No sé cuánto. Sé que es mucho. Y me permito llorar tu mala suerte, pero me río esperando como el zorro al Principito. Ojalá yo supiera cantar para cantarte una canción en inglés, un blusesito bien lindo que te haga contentarte un momento. Pero sólo se armar complicados o enredados edificios de palabras. Y nada más."

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